El Heraldo de Chihuahua
2 de noviembre de 2014
Oscar Viramontes Olivas/oviramon@uach.mx
Una de las compañías de gran trascendencia en la vida económica y urbana de la ciudad y el estado de Chihuahua fue sin duda la Compañía Cervecera "Cruz Blanca" S.A., que durante el tiempo que estuvo vigente fue una especie de atracción e imán para los grandes y expertos bebedores, así como los más exigentes paladares tanto nacionales como extranjeros, ya que los visitantes a esta tierra chihuahuense siempre tenían presentes en sus comidas, fiestas y reuniones, el disfrutar de las cervezas que se producían localmente, entre las que se contaba la misma Cruz Blanca y la Austriaca, que por décadas apagaron la sed de muchos parroquianos en la ciudad y fuera de ésta.
La Compañía Cervecera de Chihuahua, S.A. se encontraba ubicada en la avenida Juárez al este de la ciudad de Chihuahua, frente a lo que fue la antigua fábrica de ropa La Paz, y cuyo propietario fue el prominente empresario don Federico Sisniega; así mismo, se encontraba a tan sólo 300 metros de lo que un día fuera la antigua estación del Ferrocarril Central Mexicano, cuyas vías alimentadoras servían a la cervecera para el movimiento de mercancías y productos hacia varios puntos del estado y el país. Además, los empresarios del ramo cervecero en Monterrey, Nuevo León, empezarían a buscar soluciones para poder fabricar en aquella ciudad botellas de buena calidad, pero ellos no eran los únicos que estaba buscando dar solución a dicho problema, pues la Cervecería Chihuahua, competidora en el mercado cervecero de la región en el norte del país con la Cervecería Cuauhtémoc, investigaron la forma de producir botellas y prescindir del soplado manual.
Esta prometedora compañía se empezaría a construir en el invierno de 1896 cuando la ciudad contaba con tan sólo 10 mil habitantes, específicamente en febrero 8 por empresarios y capitales chihuahuenses por un monto inicial de 250 mil pesos que años más tarde, se trasformarían en un millón de pesos, aportados por prominentes empresarios como los señores Juan Terrazas, John Brittingham y Enrique C. Creel, José María Sánchez, Víctor Héctor, Federico Sisniega y algunos otros, cuando estaba como gobernador del estado el coronel Miguel Ahumada.
Lo interesante de este proyecto es que se tomarían como base los planos de las mejores y más modernas cerveceras de América que tenían que ver con el buen gusto. A partir de estos planos, se fueron construyendo los diferentes departamentos que conformarían el gran complejo cervecero que para el año de 1899, quedaría concluida, abarcando una superficie de más de 9 mil metros cuadrados. Junto a esta industria que apuntaba ser prometedora y próspera, ya se habían instalado en la ciudad de Chihuahua otras también de gran importancia como la Compañía Industrial Harinera, la Industria Mexicana y otras que se habían asentado gracias al desarrollo que se estaba presentando en la época del presidente Porfirio Díaz Mori.
El estado y específicamente la ciudad de Chihuahua, estaba viviendo una época de bonanza, ya que tanto su industria como su población estaban sufriendo un constante crecimiento aunque con algunas desventajas que se estaban presentando, como la escasez de fuentes de empleo, esto significaba que no existía personal altamente capacitado para algunas funciones, pero ya cuando se iniciaban las operaciones en la Compañía Cervecera en 1899, las formas de trabajo empezarían a sufrir algunas trasformaciones importantes, comenzando con una plantilla de cerca de 300 empleados que tenían la función de cuidar para que la producción anual de la empresa, vendiera ni más ni menos la cantidad de una cifra superior a seis millones de litros de cerveza, lo que con los años alcanzaría uno de los lugares privilegiados en este ramo, convirtiéndose en el líder en la República Mexicana. De esos empleados dos de ellos eran de origen alemán y el mecánico en jefe norteamericano, el resto eran mexicanos nativos de la ciudad de Chihuahua y de diferentes partes del estado.
Al iniciar las operaciones en 1899, se contaba con una infraestructura de gran calado, ya que sus bodegas tenían una capacidad para albergar una producción probada de más de tres millones de litros por año y que poco a poco el número de adeptos a los productos de la cervecería fue en aumento debido a que el sabor tanto de la Cruz Blanca, la Austriaca y años más adelante la Chihuahua, por lo que tenían un no sé qué, que la verdad, el público no se resistía al sabor de ambas cervezas. Por este motivo la empresa tuvo la necesidad de ampliar sus instalaciones para elevar su producción hasta en siete millones de litros por año. Un aspecto por el cual empezaba a tener éxito aparte de su delicioso sabor, era debido a las condiciones climáticas que se encontraban en esta región norteña en épocas de calor, ya que por supuesto en cualquier evento donde se tuviera mucha efervescencia y por supuesto calor, estaban sin duda las cervezas producidas den Chihuahua
Tenía una instalación eléctrica vasta y para dar movimiento a todos sus aparatos contaba con cuatro potentes calderas que desarrollaban una fuerza de 550 caballos, además extendió su mercado en todos los estados de la república sin excepción, donde sus productos eran buscados y consumidos por los conocedores; varias veces fue felicitada por su producción y la ponían incluso al nivel de las fábricas europeas de mayor renombre. La fábrica estableció diversas agencias para facilitar sus operaciones mercantiles en algunos estados del país y para atender de mejor manera las zonas del Golfo de México y del Pacífico, hacía sus envíos a Tampico como punto repartidor por vapor para todos los puntos del Golfo y por la Aduana Fronteriza de Juárez, por ferrocarril para internarse por Nogales y surtir los grandes pedidos de las entidades del Pacífico.
Una de las ventajas que tenía la naciente empresa cervecera chihuahuense es que se consideraba bastante funcional, ya que contaba con maquinaria y equipo nuevos, los cuales habían sido adquiridos en algunas partes de Europa y Estados Unidos como parte de un programa de innovación dentro de las primeras épocas, es decir, que se habían comprado todas aquellas máquinas o aparatos perfeccionados que llegarían directamente de las fábricas de varios países extranjeros, especialmente de Alemania. Esta maquinaria daba los resultados más prácticos y esto se podía observar en cada una de las áreas, por lo que logró reunir todos los adelantos del día así como la limpieza con que se trabajaría, incluso se llegó a colocar como una de las mejores compañías del continente americano.
Al paso de unos años, la industria empezó a tener una serie de problemas para surtirse de botellas, toda vez que la Fábrica de Vidrios y Cristales enfrentaba serios problemas, fundamentalmente porque ya no daba abasto a todas las empresas y era necesaria la aplicación de más adelantos tecnológicos. Para 1904, tanto el grupo de Chihuahua como el de Cuauhtémoc, buscarían maquinarias que produjeran botellas de vidrio de forma automática. Sin embargo, a nivel internacional no fue hasta 1903 que la nueva tecnología patentada por el señor Owens en Estados Unidos lo que originó la producción de botellas en serie. Dicho invento no fue comercializado por Owens, sino por la Toledo Glass Company, que a su vez, estableció convenios con la Owens Bottle Machine Company y la Kent Machine Company para la fabricación de la maquinaria; estas compañías fueron las responsables de establecer un sistema de licencias tanto a nivel nacional como internacional. Tanto John Brittingham como Isaac Garza, visitaron la Toledo Glass Company para adquirir la patente Owens, pero Brittingham contó con mejor información, toda vez que el director técnico de la Fábrica de Glicerina de la Laguna (de la cual Brittingham era un importante accionista). Arthur E. Fowle era primo de uno de los altos directivos de la Toledo Glass Company, así para 1905, Brittingham en sociedad con Juan Terrazas, Arthur E. Fowle y Francisco Belden, había adquirido el contrato de explotación de la patente Owens para México por 20 años. Los regiomontanos que habían llegado días después a la Toledo, en EU, quedaron momentáneamente fuera de la jugada. En ese mismo año, Brittingham decidió comercializar la patente de la Owens en México, para lo que entabló conversaciones con el Grupo Cuauhtémoc, éstas no fueron fructíferas, por lo que Brittingham buscó otros compradores como la Cervecería Toluca y México, sin obtener resultados. Tardaron cuatro años para que finalmente los grupos Chihuahua y Cuauhtémoc llegaran a un acuerdo, el grupo de Brittingham entregaría la patente valuada en 400 mil pesos y el grupo de Isaac Garza aportaría los activos de la ya disuelta Fábrica de Vidrios y Cristales, SA, lo que dio origen el 9 de diciembre de 1909 a la Vidriera Monterrey, SA, que entraría en operaciones hasta 1912 y que posteriormente surtiría de botellas a la Compañía Cervecera de Chihuahua.
Ya para el año de 1910 y específicamente en el mes de noviembre cuando los tambores de guerra empezaron a escucharse en el firmamento, el nerviosismo se empezó a sentir entre los grandes empresarios de la compañía. Las noticias se presentaban como "alma que lleva el diablo"; por una parte, que Pascual Orozco había iniciado sus actividades guerrilleras en la Junta, Guerrero; Toribio Ortega en Cuchillo Parado y Francisco Villa en el poblado de San Andrés. La verdad era como para dar miedo, ya que aparte de tener el peligro en casa, las expectativas económicas y sociales estaban en completo riesgo.
Fue por eso que ya cuando el conflicto empezó a tomar grandes dimensiones, los prominentes empresarios dueños de la "cerve" tomarían una decisión muy dolorosa, pero necesaria ante los embates del nuevo conflicto que se avecinaba, por lo que optaron por suspender todo tipo de actividades en la compañía. No sólo la cervecería sería la que cerrara sus puertas, a ello le siguieron otras industrias que habían estado trabajando con toda prosperidad, como al de hilados, tejidos, la empacadora, la fábrica de jabón, de ropa y molinos de harina que estaba anexa a la empresa que hoy hacemos referencia. En este periodo, las fuerzas del Centauro del Norte, Francisco Villa, se harían cargo de las instalaciones, quedando completamente intervenido durante la Revolución por los villistas.
Después del conflicto revolucionario, fue tomada en arrendamiento por varios empresarios entres los que se contaban los señores don Tomás Fernández Blanco, José Fernández Blanco, Benito Martínez y Luis garza Treviño, los cuales iniciaron con el nombre de Arrendatarios de la Cervecería de Chihuahua, a lo largo del tiempo esta sociedad empezó a sufrir algunas transformaciones dentro de su razón social. Pasada la época de los "arrendatarios", otros empresarios lograron dar continuidad al proyecto y dar a sus clientes un producto de primera calidad.
La compañía que tenía producía las cervezas Cruz Blanca, Chihuahua y Austriaca, Carta Plata, Standard, Langer, Tívoli, Pilsner, Bok Bier, Carta Negra, y Edelweiss. Fue adquirida por Cervecería Cuauhtémoc en 1965, depurando su línea de productos, y estableciendo a Cruz Blanca como una de sus marcas principales producidas en Chihuahua, sobre todo en el norte del país. Esta cerveza era muy similar en estilo y sabor a la Carta Blanca -marca insignia de la Cuauhtémoc en aquellos años- que incluso en algunas ciudades donde se vendían ambas marcas había confusión, por lo que ésta aumentada con el cambio de imagen que sufrió Cruz Blanca, que la hacía parecerse bastante al clásico emblema de Carta Blanca; curiosamente en la última época de esta cerveza, no existía símbolo de una cruz en su imagen, sino más bien la forma estilizada de un símbolo heráldico. La Cruz Blanca fue una cerveza estilo lager que se distinguía por su botella de 325 ml un poco más estilizada que su contraparte de Monterrey -Carta Blanca- y existió hasta entrados los años 80 dejando de ser producida por la gente de Cuauhtémoc cuando esta cervecera adquirió las marcas de Cervecería Moctezuma, reajustando su portafolio de productos.
"Compañía Cervecera de Chihuahua" forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas. Si usted desea compartir alguna historia, relato o información en general para esta sección o si desea adquirir los libros "Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua, Tomo I y II", llame al (614)427-52-54 y con gusto se los llevamos a domicilio. Otros lugares donde puede encontrar los libros: librería Kosmos, Logos y Farmacia Hidalgo de Vicente Guerrero y Aldama.
Fuentes:El Heraldo de Chihuahua, 1931, 1945, 1955.Archivo Histórico del Municipio de Chihuahua, profesor Rubén Beltrán Acosta.Ciudad de Chihuahua, Apuntes Históricos. Zacarías Márquez Terrazas.Libros Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas I y II.
